El problema no lo tienes delante.
Lo tienes dentro.
Aquí no te voy a vender
Hasta que no hable contigo de tú a tú no te voy a vender.
Porque no se lo que necesitas.
A diferencia de un médico de la seguridad social o del gurú de turno, yo no voy a darte la píldora mágica sin ni si quiera saber cuál es tu problema.
Mándame un mensaje y hablamos. De humano a humano. Sin embudos de venta masivos.
Te conozco, y si veo que puedo ayudarte, te diré cómo.
Todas mis medicinas curan la misma enfermedad
Tienes miedo.
El mismo miedo que tenías cuando viste esa peli de vampiros con 7 años.
Miedo a perder. Y por eso no ganas.
Porque piensas que cuando al otro le va bien, tu éxito se tambalea.
Tu mente es tu peor enemigo y te mantiene atado a patrones que no sabes ni que existen.
Y ahí es cuando viene la frustración.
Cuando te das cuenta cuenta de que todo lo que consigues nunca es suficiente.
Porque te sientes en una lucha constante contra tus impulsos.
Porque vives nadando a contracorriente.
Con miedo a no ser lo que esperas de ti mismo. A no cumplir tus propias exigencias.
Por eso mismo todas mis medicinas curan la misma enfermedad.
La misma enfermedad con diferentes caretas.
Manifestada en la realidad de diferente forma.
Pero en esencia, el mismo dolor.
Si vives en una guerra constante con tu propia mente, te traigo la cura.
Y requiere amar tu sombra igual que amas tu luz. El cómo hacerlo, es mi tarea.
Si llevas tiempo con ganas de dar el siguiente paso pero no sabes hacia dónde, también tengo tu medicina.
Y requiere perder el miedo a no avanzar.
Incluso si no sabes si conseguirás eso que llevas anhelando desde que eras pequeño, tengo una para tí que te revelará quién eres y de lo que eres capaz.
En cualquier caso, el sistema de pensamiento que has seguido hasta ahora, no te ha dado los resultados que esperas.
Pero ahí sigues, picando sin descanso.
Sin darte cuenta de que existe otra alternativa.
Otra alternativa que requiere romper, pero sin pico.
Que requiere voluntad, pero sin lucha.
¿Quieres saber lo que te tengo preparado?
No te decepciones, no te traiciones

Este de aquí, soñaba grande.
Su creatividad no tenía límites y se la pasaba imaginando en todo lo que podría hacer cuando fuera mayor.
Ese momento en el que solo estaba su esencia. Sus ganas de experimentar y conocer el mundo.
Cuando solo la imaginación era la que ponía barreras a nuestra vida.
Hasta que un día, sin casi esperarlo, llegó ese momento.
Ya era un adulto.
Pero por alguna extraña razón, eso que esperaba de la vida, nunca se le dió.
Eso que le habían intentado hacer creer durante tanto tiempo, resultó que era verdad.
No todo lo que uno desea se hace realidad.
Y lo más duro: Los años se te escurren como agua entre los dedos.
Ese niño, poco a poco fue desvaneciéndose. Junto con las ganas de soñar.
Hasta aquí se podría decir que todos nos sentimos identificados. Sin excepción.
El mundo dual en el que nos hemos criado se ha encargado de dejarnos claro lo que no somos capaces de hacer.
Hemos construido una perspectiva que definimos como «realista» de la vida. Que solo sirve de parche pasajero para una herida más profunda.
Y tachando de locos a los que aspiran a algo diferente, hemos optado por el camino del rebaño.
Trabajo seguro, hipoteca a 30 años, familia «estructurada» y ya disfrutarás la vida cuando te jubiles.
No te culpo. Ni si quiera me gusta decir que este es un mal camino.
Simplemente representa en lo que nos hemos convertido: En uno más.
Un grano de arena más en el desierto que deja al descubierto una mente gobernada por el miedo.
En este instante, mientras lees esto, tienes la oportunidad de sacarla del estadio y empezar a descubrir quién eres realmente.
A entender por qué estás en este mundo. Y de eso me encargo yo.
¿Por qué sigues leyendo?
Parte de mi trabajo consiste en entender lo que pasa en tu mente para identificar tus dolores más profundos.
Y ahora mismo sé exactamente lo que te ocurre.
Sigues deslizando la pantalla porque aún no te has decidido a escribirme.
¿Crees que mandar un mensaje es demasiado esfuerzo?
No, evidentemente el problema no es el esfuerzo ni la dificultad.
Son las inseguridades en tu subconsciente las que te impiden actuar.
Exactamente lo mismo que te ocurre en tu día a día. Limitaciones autoimpuestas.
Por eso no avanzas.
Y como gracias a la experiencia, puedo intuir cuales son esas inseguridades, voy a proceder a redactar una lista de preguntas frecuentes que no sabías que tenías.
¿Qué es lo que vendes exactamente?
Como ya te habrás dado cuenta, no vendo métodos. Ni si quiera resultados.
Te vendo compañía en tu proceso de cambio interno.
Para que la sensación de soledad e incomprensión que has experimentado hasta ahora deje de frenarte.
Mi objetivo es abrirte camino entre todas esas dudas para que tú mismo elijas quién quieres ser.
Y como no existe una regla general aplicable a todos los casos, hasta que no me escribas, no puedo decirte exactamente la opción que mejor se adapta a ti.
¿Qué autoridad tienes para decirme lo que tengo que hacer?
Podría empezar a enumerar todos los éxitos que mi ego considera que he tenido.
Pero estaría siendo hipócrita.
La felicidad no reside en la conquista exterior.
Así que el mejor consejo que puedo darte es que te guíes por tu intuición.
Si conecto contigo, conecto contigo. Exponga mis logros o no.
¿Merece la pena dedicarte mi tiempo?
Nos pasamos la vida evaluando las decisiones de manera puramente utilitarista.
Hasta el punto en que si no le vemos beneficio inmediato a una acción, la dejamos de lado.
¿Merece la pena que hablemos?
Merece la pena si buscas disfrutar el camino.
Si buscas resultados fáciles, no.
¿De qué precios hablamos?
¿Cuánto vale la felicidad?
Unos pagan el precio de un Lamborghini pensando que tendrán la validación que nunca recibieron.
Otros piensan que la encontrarán formando una familia y luego se frustran cuando no tienen tiempo ni para ellos mismos.
A encontrar la paz cada uno le da su precio.
En cualquier caso, te ofreceré una solución que me asegure que puedas pagar cómodamente.
No voy a exprimirte el bolsillo. Yo ya solucioné el complejo del Lamborghini.
¿Me responderás tu mismo o un comercial?
De momento no me ha dado por delegar las ventas.
Eso de contratar a un closer que solo busca números, no va conmigo.
La respuesta te la doy yo y el plan de acción te lo diseño yo.
No tengo dinero ahora, ¿debería escribirle de todas formas?
El «no tengo dinero» es un «tengo otras prioridades» disfrazado de víctima.
Quizás te llevas la sorpresa de que la oferta que mejor se adapta a ti cuesta lo mismo que una tarde de cervezas con tu colega.
Está en tu mano elegir.
Por cierto…
Supongo que te habrás dado cuenta, pero este sistema de trabajo no suele ser lo común entre los profesionales del autoconocimiento. No debes apresurarte a tomar una decisión, aunque debo avisarte de que esta oportunidad que tienes de comunicarte conmigo directamente no estará disponible indefinidamente. No te podría decir cuanto durará, porque de momento me resuena este método, pero te recomiendo que no dejes pasar tu momento.
